martes 14 de febrero de 2012

De vuelta de "vacaciones"

No se podía dejar todo atrás, aunque sí olvidar, perdonar y continuar. Espinoza está molestando, quiere contarlo todo, pero se enreda solo. La rucia dice que le hace falta aclararse más para salir a su "presentación en sociedad". Y yo quiero dedicarme a escribir, pero necesito un mecenas o un trabajo compatible y que me permita la independencia económica. Difícil. Muy difícil. 

miércoles 14 de diciembre de 2011

Ya no

Siempre tuve la esperanza de que podría dejarlo todo un día.

Hasta que alguien me detenga

Iba en franca caída a lo más bajo que podía caer. Sabía que no era propio de mí ese sentimiento y que debería haber sido capaz de abandonarlo en cuanto quisiese. Pero, aparentemente, no quería. No podía dormir sin soñar en ello. Ni despertar sin tratar de ordenarlo todo en mi cabeza.
Fue esa visión estremecedora la que me cagó. Sus ojos cuadrados me hicieron notar la diferencia. Había sospechado desde un principio de los de su clase. Twitter me lo advirtió de forma subliminal cuando me apartó por no entenderlo. Pero, no era yo quien estaba afuera. Eran los otros los que estaban dentro. Estaban dentro y conspirando en mi contra, y en contra de todos quienes estábamos fuera. No sabía cuánto tiempo tenía antes de que todo comenzara, y no sabía qué comenzaría, porque no sabía qué era lo que planeaban, porque, ¡obvio! no estaba yo dentro. Pero, de una forma u otra, debía empezar yo el ataque preventivo. 
Renuncié a mi trabajo. Conseguí documentos de identidad falsos, sólo por si acaso. Me deshice de mi computador, de mi celular, de cualquier cosa que pudiese mandar una señal de mí mismo, de mi ubicación. Dejé de existir en los términos en que hoy es válido existir. Convencí, desde el anonimato, a un grupo de ñoños para que las emprendieran contra las grandes compañías de telecomunicaciones y redes sociales, enviándoles ataques informáticos bajo una teoría supuestamente moralizadora de libertad en el ciber espacio. Y yo comencé a robar notebooks y celulares cuando el sol se ponía.   

sábado 3 de diciembre de 2011

Atemorizante

Daba miedo, pánico y terror, todo junto y revuelto. Tenía la cara deforme, una joroba y mal olor. Era un monstruo, uno de verdad. A cualquiera le habría dado miedo, y nadie podría haber dicho que era discriminación, porque realmente, en serio-en serio, era atemorizante. Juzgaba a todos por todo y tenía mal humor. Todo lo parecía mal, todos estaban equivocados salvo ella. Era una abominación. Una desgracia de ser humano, a decir verdad. Nadie quería pasar cerca suyo, ni mirarle, ni hablarle. A veces, los más despistados, que caminaban por su territorio mirando el piso, se encontraban con ella de frente y de sopetón, y tenían que fingir no tener problema con ello, porque de lo contrario, ella se ponía todavía peor. "¿Acaso tú te crees mejor que yo?". "¿Acaso soy muy poca cosa para que me quieras mirar? ¿para que me quieras hablar? ¿para que me digas la verdad?". Y los despistados rara vez conservaban la calma: ponían cara de terror, miraban alrededor buscando ayuda de alguien más, y se echaban a correr como locos y, la mayoría de las veces, no se les volvía a ver por ahí.
Lo más extraño de todo sobre ella, era que tenía un novio. Con la cara deforme, la joroba y su mal humor, aún así tenía un novio. Llegaba todas las tardes a la entrada de su vieja y tenebrosa casa, solía traer una bebida, algo para comer, a veces incluso un vino, como para celebrar. Los del barrio no lo podían creer. "Ya llegó el pololo de la vieja loca". "¿Será millonaria?". Era inconcebible. Y él no tenía mala pinta. Era apuesto y amable. "¿Estará pagando una manda?", se preguntaban cuando lo veían llegar desde sus ventanas. Y ella, lo más arreglada posible, salía a abrirle la puerta. Eran las únicas ocasiones en que se le veía esbozar lo que parecía ser una sonrisa. Esa vieja pesada de mierda sólo parecía calmada y contenta con su novio. Nunca nadie la escuchó juzgarlo o reprocharle nada. Hasta que un día... Un maldito día algo pasó. Se escucharon gritos desde  su casa, golpes como de portazos y, unos minutos más tarde, ella estaba echándolo de su casa, empujándolo para que saliera. "¿Acaso no me podías decir la verdad? ¿para qué estabas con alguien a quien no podías decirle la verdad?"

miércoles 30 de noviembre de 2011

No era sordo

No necesitaba hacer nada para convertirse en mi persona favorita. Y ni siquiera era sordo-mudo, como siempre imaginé que lo sería, por las facilidades comunicativas que eso daría. Al contrario, era un buen conversador, pero, yo ni lo sabía cuando decidí que era mi persona favorita. No sé por qué decidí tan rápido. Habrán sido las feromonas, o más cotidianamente dicho, "la tincada". La primera impresión casi nunca se equivoca. Y si esta vez fuese la excepción tampoco importaría: mis manos quemadas al fuego valdrían hasta la última lágrima.

lunes 28 de noviembre de 2011

miércoles 23 de noviembre de 2011

Censura inversa

Es necesario recordar cuando no te importaba. Cuando no era parte de ti, cuando no era fruto de tu esfuerzo también (anímico y material) para soportar este tipo de censura sin encabronarse. Es cuando te dicen: "bueno, y sabís qué más, es mi casa y no te metas". Eso está bien para decirle a los visitantes esporádicos, como los anteriormente mencionados. Pero, si te encabrona, te enrabia y te humedece los ojos, es porque no formas parte de ese grupo, que es casi una etnia o raza a estas alturas, y en ese caso no se necesitan muchas pruebas: tu sentimiento de "gggggrrrrrrrr" y las ganas de sacar una pistola y dar un tiro al aire, al menos, es prueba suficiente para que te consideres dueño de la razón del caso. Tu esfuerzo y compromiso, esos que sentías fuertemente incrustados en tu pecho, han sido reales, y se han burlado de eso despojándote de la idea, incluso de la sola idea, de que seas parte importante de eso que creías estar construyendo.

Para evitar cualquier roce es primordial perder todo interés. No me importa debe ser tu frase recurrente de ahora en adelante, y debes sentirla realmente. Empieza a considerar a tus seres queridos como objetos con los que divertirte. No te involucres, no te comprometas. No prestes cosas. No dejes nada en casas ajenas. 
Que tu vida sea lo que te cabe en el bolsillo.

Censura

Si alguien te visita cada dos o tres meses, y en sus visitas tiene la desfachatez para criticar tu hogar, tu estilo de vida y/o censurarte de cualquier forma, considerarte indignado es completamente normal, válido y entendible. 
Si, además de todo, te parlotea al respecto con claras intenciones de hacerte sentir culpable, y de que cambies tus maneras, es un cara de raja de primera. 
Seguramente al principio le creerás, dirás que vas a cambiar y le pedirás perdón. Pero, cuando te des cuenta de cómo ese visitante dio vuelta la tortilla para dejar lo que le convenía encima, y si es que ese momento llega, ten la seguridad de que estás en todo tu derecho de emborracharte, drogarte y/o armarte de valor, marcar su número en tu teléfono, esperar a que te conteste y echarle una chuchada grande. ¡Miren que venir a censurar el muy patudo! ¡Y viniendo apenas una vez al mes, cuando mucho!

jueves 10 de noviembre de 2011

Principios

Este es mi principio absoluto: la ando puro cagando la mayor parte del tiempo.
Si no le gusta, tengo otra forma de decirlo: "I'm a fucking idiot".

sábado 1 de octubre de 2011

Lentes de sol

No había que confiar en el desconocido que hablaba tras sus lentes oscuros. Eso se acepta si al tipo se le conoce desde hace años y ya ha ganado tu confianza. Pero, jamás a un desconocido. Es un error garrafal que puede costar la vida.
La primera impresión -sobre todo si ésta es mala- siempre es la correcta.